Un adolescente comenzó sus pinitos en el mundo de la droga sin saber porqué. Sí, la droga denominada blanda y moldeable: el hachís y la marihuana.
Fue en un aniversario de un conocido suyo, y temeroso de los efectos que se pudieran producir, se negó reiteradamente hasta que lo convencieron.
-Tranquilo, no pasa nada monada, solamente es un cigarro –un cigarro de la risa-.
Y qué risas; qué euforia y descontrol, ganas de romper el mundo a patadas sin reparar en gastos y perjuicios.
Esa noche no la olvidaría jamás, ya que a algunos de sus amigos les dio un amarillo.
Amarillo: dícese del estado en el que crees que vas a morir o a ocurrirte algo tremendamente doloroso y relacionado con una enfermedad terminal.
Para él, no existía tal forma; así pues, de todas formas continuó con las caladas. Primero una, después otra… Otra otra otra otra… Hasta que alcanzas el punto álgido de desinhibición.
A la mañana siguiente de la noche de fiesta, se planteó lo que había hecho, quedando arrepentido.
-No voy a volver a hacer más una cosa así, es perjudicial para mí y es saltar un peldaño en la escalera del mundo de la droga. Con el alcohol es suficiente, ¿para qué haría semejante estupidez?; ¿qué pasará ahora si me vuelven a ofrecer? Ya he roto la barrera de la negación y además me ha gustado. Aunque no, no lo necesito.
No lo necesitas pero inconscientemente lo deseas, amigo.
No pasó mucho tiempo hasta que volvió una noche como aquella en una fiesta privada.
-Vamos, chico, ¿quieres un par de tiros?
No, paso, no fumo.
-Está bien, más para nosotros.
Había dicho no a la droga por enésima vez en su vida y se sentía fuerte, capaz de todo. Y siguió bebiendo alcohol hasta perder el control.
-Hey, chaval, voy to ciego; está hierba es de alta calidad –lo dijo con una cara ridícula debido al bajo nivel de los pómulos-.
Esto le pareció tan gracioso y había pasado tanto tiempo, que volvió a probarlo.
-Si fumo un poco no creo que pase nada… Es sábado y estamos de celebración; total, por un día…
Había caído. Dos veces en menos de tres semanas. El efecto, no hostil; todo lo contrario, fue divertidísimo.
El día siguiente no tuvo momentos de reflexión con respecto al cannabis, sino que trató de olvidar lo que había hecho y ponerse una norma: cuando salga de celebración.
-Me gustar fumar porros de vez en cuando y no hay nada malo en hacerlo con control. Lo efectuaré con mesura y sólo cuando mis amigos me ofrezcan y crea conveniente; desde luego, no voy a pillar.
Bueno bueno, me parece que no nos conocemos, efebo. Tu persona está por descubrir, tu alma está por salir a la luz –si es que ella posee luz-. Eres un inmaduro que no decide por sí mismo, sino por el comportamiento de la plebe.
El drogo psicológicamente dependiente, estaba a la espera de volver a salir de fiesta- y según pensaba, para beber-. Aunque algo se estaba cociendo en las capas más profundas de su cerebro; una masa de marihuana al horno y todos comiendo; un banquete para el gusto y la relajación. Camas por todas partes y música infinita, música celestial que le penetraba y le envolvía abstrayéndole de la realidad; pero no importaba, era su realidad y con eso bastaba.
Agudizados eran sus sentidos en esos momentos, y más sensible si cabía se había vuelto inmediatamente. Le gustaba fumar no por el hecho en sí, sino por escuchar MC’s y cantantes de música clásica; desde ellos hasta los otros pasando por rock & roll, pop y soul.
Era un amante de la buena vida y las buenas sensaciones, así que no se privaba de ningún lujo. Intentaba aprovechar cada minuto haciendo cosas productivas para su salud, excepto el fin de semana. Los últimos días de la semana –viernes y sábado- los empleaba en desconectar con su tediosa vida; arriesgado comportamiento.
Volvió y volvió a inhalar, dejando cada vez menos tiempo entre las “fumadas” –ahora se llamaban así-. Primeramente, una vez por semana; después, los días en los que se divertía por la noche: los viernes y los sábados; y finalmente, fue cuando se le escapó de las manos. Comenzó a consumir día sí día no, para terminar haciéndolo cada día.
Las jornadas, estaban formadas por una piedra angular podrida: el acto de acudimiento a los bajos fondos. Precisaba desplazarse de cualquier modo a hablar con algún animal, a veces camellos otras gorilas, pero siempre nuevos conocidos.
Comenzó a coger confianza con gente que estaba inmersa en una pegajosa tela de araña, tejida por ellos mismos a causa del consumo progresivo: de menos a más. No sabían lo que estaban haciendo, e iban a terminar siendo presas de la destrucción por parte del arácnido; ellos eran insectos pertenecientes a la familia de los desocupados y los faltos de ambición, amigos de la comodidad que proporciona la droga; bueno, la droga blanda.
A mi modo de ver, no existen drogas blandas, sólo drogas. Todas te pueden enganchar de una manera u otra. En el diccionario droga blanda lo cataloga como una sustancia que puede es adictiva en un grado muy bajo o no lo es. Por el contrario, yo pienso que tanto el alcohol como los derivados del cannabis, son fuertemente captadores de insensatos y no pensadores.
La marihuana puede atraparte como una planta carnívora, nosotros somos pequeños a su lado y ella nos quita la salud. Nuestro estado físico comienza a ser imperceptiblemente deplorable, y para cuando vamos a darnos cuenta, somos débiles; más débiles aún.
En lo único que piensas cuando eres consumidor de los otros cigarros es en chuparte un porro; por lo menos, uno al día. Necesitas quitarte el mono, y si lo tienes, mal asunto. Parecía que no podías tener a un primate siendo consumidor de una droga tan nociva… He visto a muchas personas hacer grandes locuras por tener algo que echarse a los pulmones.
Tras muchos días, el chico que tanto se había cuidado de no terminar enganchado, se agarró con un gancho a lo único que le quedaba: el sentido común. Desde fuera le habían advertido del poder destructivo del antidepresivo, pero él, más listo que todos ellos, inadvertido pasó ante sus comentarios. Antes de nada, plantéate qué estás haciendo con tu vida y si quieres conseguir algún objetivo. Tienes que ser objetivo contigo mismo y conocerte mejor antes que fumar a cholón.
Aún así, pasó más de un mes y más de dos en el oficio. Hasta que un día, agarró un pensamiento de sensatez y se aferró a él como a un clavo ardiendo- un clavo salvador que no clavija de sabandijas-.
-He de cesar. Reincidente soy y conocedor del camino que he seguido y me ha llevado hasta aquí, hasta un humilde banco apartado de gente decente. ¿Qué estoy haciendo sentado sin otro propósito que deshacer un canuto con la boca? Muchos he filtrado, con filtro y sin él, y siempre ha resultado ser lo mismo; la misma mierda que me lleva de viaje. Hoy, decido como sello de mi promesa, deshacerme de todo el material necesario para fumar: adiós cigarros. Yo no quiero tener cáncer de pulmón ni que disminuya mi resistencia física, ¡qué horror! ¡Qué desagradable pensar en los efectos adversos ahora, cuando más solo me encuentro y más metido en la drogadicción! En el último día; el más complicado y decisivo. Si consigo mañana no pensar en la santa planta –que demoníaca resalta a mis ojos- habré logrado dar el primer paso.
El gran problema de los fumadores de polen es no ser juiciosos. Nada más, porro va porro viene y muy bien; muy buenas obras artesanales que se comparten con todo tipo de personas, sin importar el color de la piel ni su status ni su vida. Tienen una parte social positiva pero eso también esconde un trasfondo peligrosísimo: esos seres humanos, la gran mayoría, fuman contigo por interés, porque les interesa intercambiar el parásito: hoy por ti mañana por mí, toma una calada de esto y dime qué te parece; cátalo. La cata debería hacerse de cosas exquisitas y naturales, benignas.
Cada uno es libre de sus actos, pero aquél chico, se olvidó de su pasado como quien inicia una carrera frenética en contra de la tempestad; huyendo de recuerdos que le consumían como se apaga un cigarro al viento.
martes 5 de enero de 2010
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